William Calderón es un periodista de medios electrónicos, con 30 años de ejercicio profesional ininterrumpido en  radio y televisión. Ha trabajado en importantes medios de comunicación de Colombia: Cadena Caracol Radio, el  Noticiero de las 7 (de Programar Televisión), La FM de RCN, el Canal RCN y City TV, entre otros. Actualmente es el Jefe de Redacción de Blu Radio y hace parte del talento al aire en los programas Mañanas Blu 10 a.m., Meridiano Blu y Voz Pópuli.
La clave es el perdón

Este 2016 será, si todo sale como está planeado, un año que nunca se podrá borrar de la memoria de esta  generación de colombianos.

Las FARC y el gobierno pondrán la firma al pacto de paz que se negoció en los últimos 4 años en La Habana.

Será el comienzo de una nueva etapa de la historia de este país y pasaremos la página a episodios tan lamentables como el atentado al Club El Nogal. La toma a Bojayá, Chocó, escenario del peor ataque de las FARC contra la  población civil y que dejó 119 muertos. La masacre de los diputados del Valle. El ataque a la base militar de El Billar que dejó 64 soldados asesinados. Y familias, prácticamente aniquiladas como los Turbay o los Lozada, sólo por mencionar dos casos.

Estamos hablando de un periodo que dejó cerca de 250.000 muertos y casi 7 millones de víctimas en los 50 años  que precedieron al acuerdo que se tiene contemplado suscribir, así que podríamos asegurar sin temor a  equivocarnos que el dolor de esta guerra no ha dejado de tocar a nadie de nosotros, o de nuestras familias, o conocidos.

Han sido 50 años en los que mientras enterramos a nuestros muertos se han ido incubando odios que se  convirtieron en la leña que ha dado fuego a la violencia.

El día que se firme el Proceso de Paz será el comienzo de la verdadera lucha, la que tendremos que dar millones de compatriotas para perdonar tanto daño, destrucción, vidas arruinadas y muerte, con el fin de apagar la hoguera y permitir a las generaciones que nos siguen disfrutar de la Colombia en paz que nosotros no tuvimos durante tantos años.

Perdón, esa será la palabra clave de aquí en adelante.

El sabio dominico Henry Lacordaire dijo: “Quieres ser feliz un instante, véngate, quieres ser feliz toda una vida,  perdona”.

Nuestro país está lleno de personas ofendidas,  lesionadas, huérfanas, empobrecidas por la guerra, ¿cómo se sana tanto dolor, cómo se curan heridas de tal magnitud, cómo no albergar sentimientos de ira contra quienes te  hicieron tanto daño?

Nuestro instinto humano tiende a la venganza, por eso perdonar, en esto casos, parece un acto totalmente injusto, pero, si miramos con detenimiento, no lo es.

En realidad quien consigue superar esa dura prueba y conceder el perdón, se libera. Se libera de una carga muy  pesada que no le permite avanzar, que lo hunde cada día en la amargura, que le roba su energía. Por eso quien perdona gana. Pues se libra de la ira y rompe el ciclo de odio, dolor, venganza y violencia. El mismo ciclo que ha prevalecido en nuestro país en este último medio siglo.

Hay dos claves para poder perdonar: una, movernos de nuestra posición para asumir la del otro y dos, olvidar.

En cuanto a cambiar de posición, comienzan a escucharse ya voces en el país que debemos ver a los guerrilleros también como víctimas. Y en el fondo lo son. Pues sólo han sido carne de cañón y llegaron a tomar las armas por la falta de oportunidades.

Impresionó mucho cuando hace unos días escuchamos al alcalde de Cali, Mauricie Armitage, quien en medio del llanto le pedía perdón a los guerrilleros, pese a que estuvo secuestrado por las FARC. Hasta el director de la Unidad de Víctimas, Alan Jara, defiende esa tesis, de que muchos guerrilleros también deben ser tratados como víctimas.

Será muy conveniente para consolidar una paz estable, entender por qué miles de nuestros compatriotas  terminaron alzándose en armas, puesto que ahora nos tocará traerlos de regreso a la vida civil y convivir con  quienes hasta hace muy poco, eran considerados los peores enemigos del país.

Y la otra clave es el olvido.

Cuando alguien odia siente que revive una película a todo color, en alta definición y recuerda hasta el último  detalle de ese episodio que lo marcó. Cuando esa persona decide perdonar, pasar la página y olvidar, ese episodio comienza a proyectarse pero como una película en blanco y negro y a medida que pasa el tiempo los detalles se van difuminando hasta convertirse en algo muy borroso en su memoria.

Es imposible cambiar los hechos, dirán muchos de quienes no han podido perdonar y olvidar, y tienen razón, lo que sí es posible es cambiar la percepción y las experiencias que sobre esos hechos tenemos cada uno de nosotros.

Ese es el reto, eso es lo que implicará para los colombianos poner en práctica los acuerdos con la guerrilla. De cada uno de nosotros dependerá que tan sólida o frágil sea la paz que se firme con las FARC en La Habana.

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