Por: Sissi Varela

Fotos cortesía: Diana Beltrán

A punta de papel y tijera Diana Beltrán Herrera gana espacios en museos, galerías de arte, vitrinas y campañas publicitarias. Con tan solo 29 años habla con la profundidad de una anciana y la sensibilidad característica de una artista.

Lo describiré como una escultora, aunque ella prefiere que no le pongamos títulos, ni rótulos a su trabajo. Se ve como una diseñadora porque hace cosas con sus manos que no son manualidades y tampoco necesariamente piezas de arte. Diana desarrolla ideas utilizando lo que tienen en su casa, “a mí no me gusta gastar dinero en el trabajo, intento buscar opciones sencillas que me permitan crear. Todo el tiempo estoy buscando cómo producir a partir de lo existente, las ideas son instantáneas y no te puedes ‘amarrar’ porque no tienes para comprar material. Entonces todo el tiempo busco qué puedo hacer con lo que hay y ese lugar que me provee materiales, es mi casa”, así describe Diana parte de su proceso creativo.

De cachivaches a obras de arte
Desde hace cuatro años vive en Bristol, Gran Bretaña, con su hijo Simón y su esposo Thomas. Para ellos la casa lo es todo, lugar de trabajo, de vivienda y taller; por eso Diana es extremadamente organizada para poder guardar todo lo que “tenga potencial”. Lo que para unos son cachivaches, para ella es material que se puede reutilizar.

Siendo niña descubrió mil posibilidades del papel tomando las cartulinas viejas y los restos de trabajos  escolares. Actualmente, comienza a crear sin saber qué está produciendo, hasta que sale algo.

Sus trabajos nacen de su entorno; ella estudia profundamente la relación del ser humano con la naturaleza, el ecosistema y las aves. La creación de sus pájaros le ha permitido “volar” a ella misma. Después de terminar su carrera de Diseño Industrial en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, salió a Finlandia a hacer un curso de cerámica.

10887497_10152487266122441_6615479093677110397_o“Mi trabajo podría verse como algo
simplemente decorativo, pero en realidad
busco crear puntos de vista
personales y abrir conversaciones”.

Allí, por primera vez aparecen los pájaros en su vida creativa. “Vi un block de papel por un euro, lo compré y empecé a hacer tiritas y animalitos; principalmente aves. Nunca había visto urracas europeas, cisnes y en general esos pájaros espectaculares. Como necesitaba traerme esa memoria física a Colombia, empecé a hacerlos en papel”, asegura.

Colombia su fuente de inspiración
Diana ha realizado más de 200 pájaros que casi han tomado vida propia. Unos han ido a parar al Museo Cornell de Bellas Artes (Florida-EE.UU.). Otros hacen parte de una campaña publicitaria de una compañía italiana de aceite de oliva, algunos pertenecen a exposiciones de arte en Gran Bretaña y California. Quizás los que más lejano han llegado a ‘volar’ son lo que integraron su primera exposición individual en Yakarta (Indonesia), donde fue invitada a exponer para representar a Colombia.

30641546760_5e54c18709_oPara el hospital de Niños de Cleveland (Ohio), Diana creó un jardín secreto donde las plantas y los animales están en un estado permanente de belleza. Un momento lleno de esperanza para padres e hijos que están pasando por momentos difíciles.

Uno de sus últimos trabajos fue cupcakes para el The Food Project. ¡Qué trabajo más espectacular! Su idea era crear algo con lo que todos nos relacionamos y a la vez involucrar elegancia y delicadeza al uso de estos nuevos papeles. El resultado de su trabajo fue expuesto en Londres y Mónaco.

Con disciplina, organización y mucha pasión trabaja en varios proyectos simultáneamente, bien sea para una exposición, empresas, vitrinas o editoriales. Diana ya vive de su arte y asegura que Colombia es el núcleo de su creación.

“Crecí viendo a
mi mamá hacer manualidades,
yo tomaba los desperdicios
y los reutilizaba ”.

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