Sin lugar a dudas el estrés es el estado de “moda” y peligrosamente origina enfermedades físicas y mentales, pero también es cierto que podemos autorregularnos y evitarlo, o por lo menos, disminuirlo. Hay que gozarse más la vida, dejar de ser tan trascendental, buscar equilibrio, consumir alimentos saludables, practicar buenos hábitos, cambiar la rutina, cambiar pensamientos, administrar el tiempo, sonreír, tener amigos y dejar de lado los pensamientos negativos. Estos y otros consejos nos indicará la doctora Mejive Majjul, nuestra especialista invitada.

Por. Ángela Cruz
Asesoría: Dra. Mejive Majjul, Neuróloga Clínica
Teléfono: 6277320 – www.mejivemajjul.com – mejivem@gmail.com
Fotos: cetep – elfinanciero – noticiasvoz

“El estrés es la reacción del organismo a la presión generada por todas las circunstancias del día a día que altera los sistemas internos, no solo en lo psicosocial, sino en lo psiconeurobiológico”, afirma la doctora Majjul. “La presión la percibe el cerebro y va alterando todo, se afecta el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal
(Eje HHA) y desencadena la “cascada”, agrega.

¿Hay distintas clases de estrés?
Sí. Incluso cuando las consecuencias tras el estrés son favorables, se habla de un estrés positivo, que se da en cortos periodos de tiempo y soluciona rápidamente las situaciones.

Cuando el manejo del estrés es inadecuado y tiene efectos negativos, se conoce como distrés. Aquí hablamos de disfuncionalidad.

Mientras que el eustrés, es la manera adecuada de reaccionar ante las presiones, obteniendo resultados positivos.

De acuerdo con la duración, el estrés se podría clasificar en: estrés agudo o de corto plazo y estrés crónico o de largo plazo.

El agudo es el más común y puede presentarse en cualquier momento de la vida por un corto tiempo. Por lo general dura menos de una semana. Hay alteración, pero se vuelve a la línea base y así no hay disfunción que ocasione enfermedad. Es causado por situaciones exigentes o presiones cotidianas como exámenes académicos, problemas de pareja o una simple congestión en el tráfico. Provoca excitación, ansiedad, enojo, susceptibilidad y depresión. Este tipo de estrés puede llegar a alterar la anatomía cerebral en corto tiempo.

El crónico es frecuente y constante. Es causado por experiencias traumáticas o situaciones dolorosas que perduran por mucho tiempo, por metas muy exigentes como tener el cuerpo perfecto, llevando al paciente a sentirse destruido, agotado, deprimido, sin esperanzas y, en algunos casos, hasta sin ganas de vivir. Produce trastornos emocionales, crisis nerviosas y alteraciones progresivas que afectan durante un tiempo prolongado todos los aspectos de la vida.

Aunque el estrés no es una patología, es el causante de arritmias y de muchas enfermedades como: hipotiroidismo subclínico, gastritis, déficit de atención, alteraciones del sueño, migrañas, dolores de cabeza, tensiones musculares, malestar estomacal, como síndrome de colon irritable, aumento en la presión sanguínea y ritmo cardiaco, transpiración, mareos, insomnio, fatiga, dificultad para respirar, vértigo, obesidad y acné, entre otros.

En cuanto a la parte emocional se manifiesta con: depresión, miedo, intranquilidad, preocupación, confusiones, cambios en el estado de ánimo y pensamientos autodestructivos, también influye en los cambios de conducta como: violencia, consumo excesivo de alcohol, cigarrillo y drogas, risa nerviosa, inseguridad, dificultad para concentrarse, olvidos, etc……

Buscando la solución
Lo importante aquí es conocernos y buscar la solución. Según la experta algunas actividades sencillas como quitarle el sonido al Whats App, puede ayudar a bajar el estrés, “el cerebro se estresa al oír el timbre de un mensaje tras otro, en una secuencia interminable que evita la concentración en las actividades diarias”, afirma la doctora Majjul.

Relajarse antes de acostarse, no comer pesado, darse un baño con agua tibia, tomar agua aromática antes de dormir, hacer ejercicio durante 45 minutos tres veces por semana y reemplazar dulces por frutas, son algunas prácticas que ayudarán a mejorar este malestar.

Por otra parte, las personas con mucho tiempo libre deben fijarse actividades y las que están muy ocupadas, deben manejar la adicción al trabajo, desconectarse y no perder el norte. Mantener el equilibrio es la clave. Estos son los consejos de nuestra especialista.

Siete estrategias para manejar el estrés

Meditar sobre lo esencial y fundamental: Lo realmente valioso es sencillo. Las prioridades de vida. De la abundancia del corazón habla la boca. Qué es más importante para ti: el ser, el hacer o el tener…

Honrar la palabra: que un NO sea no y un SÍ sea sí. Que lo que prometas lo cumplas… Hay que aprender a decir no, de lo contrario se convierte en un “caldo de presión”.

Cuidar el cuerpo: porque es el templo, el lugar, donde habita tu espíritu.

Administrar el tiempo: hacer lo prioritario o importante, no lo urgente.

Cambiar la rutina: aprender a repetir actos buenos y crear así hábitos buenos, en lo físico, en lo mental y en lo emocional. Revisar cuáles son los procesos mentales o pensamientos que nos anclan al pasado y no “intentar” cambiar, sino hacerlo realmente.

Identificar qué genera el estrés: ¿dónde está la verdadera presión, en la familia, en el trabajo, con los vecinos, con la pareja, con los hijos, con los amigos, consigo mismo, en las emociones? Cuando ubico la causa y soy consciente de eso, la puedo y aprendo a manejar.

No dejarse ofender: nada es personal. No interpretar a los demás… Que nada perturbe tu tranquilidad.

Finalmente, si no puedes manejar tus niveles de estrés, acude al especialista para recibir el tratamiento adecuado.

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