Vivimos en una sociedad industrializada, que nos propone miles de productos, marcas y precios. En esta  oportunidad, queremos hablar sobre el origen de los alimentos que consumimos cotidianamente. La “revolución” de llevar una vida sana o “healthy” (como se puede leer en varios blogs, revistas o redes sociales) ha hecho que se consuman cada vez más los productos orgánicos. ¿En qué se basa este nuevo tipo de consumo, más responsable y saludable?

Por. María José Dodard

¿Qué son los productos orgánicos?
Los productos orgánicos están fabricados únicamente a base de ingredientes naturales. Además, el uso de pesticidas, fertilizantes y químicos está reglamentado por la ley. Están libres de hormonas, antibióticos, residuos de metales pesados, colorantes y saborizantes artificiales, así como de Organismos genéticamente Modificados (OGM). Por esta razón, son fertilizados con compost, polvos minerales u otras sustancias de origen orgánico.

A estos, según el país, se les llama productos ecológicos, biológicos u orgánicos. Pueden además presentar otras cualidades como un empaque ecológico para su disposición al consumidor final.

¿Cómo y por qué empezó su comercialización?
La industrialización de la agricultura vino a acompañar el despliegue industrial del siglo XIX, como una modernización de todos los procesos agrícolas que ya existían. Lentamente se fueron introduciendo fertilizantes, semillas híbridas y agroquímicos para facilitar las cosechas, acabar con ciertas plagas y aumentar la producción.

La agricultura orgánica hizo su entrada entre los años 50 y 70, cuando los agricultores constataron que los suelos se estaban volviendo menos fértiles, las plagas eran más difíciles de combatir y se había producido tanto que había excedente de cosechas, que finalmente se descomponían en lugar de ser vendidas. Los consumidores descubrieron las consecuencias del abono (en uso excesivo) y de los efectos de ciertas cosechas sobre el medio ambiente.

De igual forma, ésta permite responder a una nueva demanda de búsqueda de la salud por la alimentación, preocupación por el mundo rural y las condiciones de trabajo de los agricultores de países menos desarrollados. Pero también, el respeto de las tradiciones que progresivamente desaparecieron con la industrialización. Entre los métodos agrícolas tradicionalmente utilizados están el sistema de terrazas o de barreras naturales para evitar la erosión de los suelos, rotación de cultivos o plantado de leguminosas.

¿Cómo diferenciar estos productos?
Está agricultura debe seguir reglas muy estrictas, por esta razón todos los productos deben llevar un sello que los certifica como tal y se obtiene de un organismo avalado por el gobierno de cada país. Es requerido en los diferentes mercados internacionales, en Colombia está regido por la Resolución 0187/06 del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

¿Y finalmente qué nos aportan estos productos?
Encontramos más vitaminas, minerales y oligoelementos que en los alimentos comunes. Además, ciertos productos vienen con menos azúcar o menos grasa, lo cual los hace más saludables.

Comprando productos orgánicos también podemos aportar nuestra ayuda a la protección de los agricultores de países en desarrollo gracias a sellos o marcas como Max Havelaar, que promueven el comercio justo. Hay que anotar que no todos los productos de este comercio son orgánicos, pero las marcas incitan a los productores a hacerlo.

¿En dónde encontrarlos?
Algunos solo los podemos encontrar en los supermercados orgánicos, como la harina de arroz, el aceite de coco, o la leche de almendras.

En Bogotá, Bio plaza o Clorofila son los más conocidos. En internet, páginas como Iherb.com, proponen gran  cantidad de productos orgánicos y eco responsables.

Los productos orgánicos suelen ser más costosos que los “normales”, todas las reglas a las que son sometidos, hacen que las producciones sean más pequeñas y de igual forma deben darles sustento a los agricultores y productores. En general, los productos orgánicos son 10 a 20% más costosos que los otros, pero esto no se aplica a todos los artículos.

Puede ser una inversión extra, pero si usted está buscando aportar su granito de arena para ayudar a nuestro  planeta, esta puede ser una buena forma de empezar.

antojitos mariajose

Arepas de arroz integral con linaza

(Perfectas para acompañar los huevos al desayuno).
1 taza de arroz integral.
2.5 tazas de agua.
Semillas de linaza orgánicas al gusto.
– Cocinar el arroz con el agua, la textura debe quedar como una masa.
– Triturar en la licuadora o en un procesador de alimentos, poner sal y pimienta al gusto.
– Incorporar la linaza y mezclar. Formar las bolitas y hacer las arepas. Cocinar sobre la parrilla o en una sartén con un poco de mantequilla.

captura-de-pantalla-2016-08-28-a-las-16-52-39Barra de cereales de arándanos y marañones.

(Para 12 barras)
200 gramos de hojuelas de avena.
150 gramos de harina de arroz.
120 gramos de arándanos.
100 gramos de marañones.
30 gramos de semillas de linaza molidas.
100 gramos de mantequilla de almendras.
50 gramos de aceite de coco.
150 mililitros de leche de almendras.
Vainilla al gusto.
– Precalentar el horno a 180°C y cubrir un molde con papel cera.
– Mezclar las hojuelas de avena con la harina, los arándanos, los marañones, la linaza y la vainilla.
– Incorporar la mantequilla de almendras, el aceite de coco y la leche.
– Repartir en el molde y presionar la mezcla hacia el fondo.
– Cocinar durante 25 minutos.
– Dejar enfriar, cortar en barras y desmoldar.

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