Por: Magda Egas Fotos: Andrés Reina
andresreinafotografo@gmail.com – Instagram @andresreinafoto

Economista, investigador, asesor de contenidos, exviceministro de Comercio Exterior, docente, libretista,  entrevistador, analista, escritor, crítico de cine y actualmente, presentador de Red+ Noticias, sin duda ‘el más’.

Tiene el don de explicar con ejemplos sencillos, los temas económicos que a muchos colombianos nos parecen complejísimos.

¿Cómo decirle a la gente que a pesar de lo ‘dura’ de la reforma tributaria, el efecto de no aplicarla podría dejar peor al país, pero al mismo tiempo, hablar con autoridad de cine, arte y cultura? ¡Él lo hace!

Desde hace 4 años acompaña a los televidentes en Red+ Noticias, como el eslogan del informativo lo dice: “saber lo que pasa es bueno, entenderlo mejor”, y esa es la función de Mauricio: explicar al televidente las causas y consecuencias de los principales acontecimientos de Colombia y el mundo.

Así es Mauricio Reina, analítico, tranquilo, consecuente, cinéfilo, buen bailarín, melómano por naturaleza… tiene el privilegio de hacer lo que le gusta y por eso, le sale bien. Su casa está llena de acetatos, CD’s, y libros. En medio de una tarde veraniega inicia nuestra entrevista. A lo lejos reposa un piano (que también toca en sus ratos libres), en la dirección opuesta una estatua de San Antonio resiste los rayos de sol, aunque no es religioso a Mauricio le encanta el arte de este tipo.

Nació en Bogotá, en un barrio tradicional. Remontémonos a esa época.
Soy el menor de 7 hijos; 5 mujeres y 2 hombres. ¡El consentido! Mis hermanos venían en “escalerita” y 5 años después llegué yo. Mis hermanas eran como mis tías, vivía en una atmósfera en la que la mayoría de personas eran mayores, tenía un mundo propio, muy solitario e introvertido.

Los recuerdos son en el barrio La Soledad, eran días de sol… de triciclo. A los 7 años no tenía amigos fuera de la casa. Estaba acompañando a mi mamá a hacer las compras, las vueltas, la modistería… (risas). Hasta ese momento yo veía desde mi “ventana” lo que pasaba afuera, después empecé a interactuar con los niños de mi edad que estaban allá. Siempre fui muy tímido, observador… y en general, buen estudiante.

¿Con respecto a las niñas era muy tímido?…
Sí, completamente. Hay una anécdota que me marcó, en segundo de primaria llegó una niña que venía de EE.UU. y era absolutamente divina, como pude me las arreglé para ser su amigo. A los 8 días la profesora le preguntó qué niño le gustaba, ella giró y ¡me señaló! Todo el curso se me vino encima y no le volví a hablar nunca… sería un material muy interesante para el sicoanálisis (risas).

Vámonos para el bachillerato…  cambió?

La timidez y la introspección se mantenían, seguía siendo muy buen estudiante, era muy inquieto. En disciplina me iba regular. Nuestro sistema educativo está mal planteado, un sistema de 8 horas, con clases de 45 minutos, unidireccional, donde no hay una participación activa del estudiante ¡eso alborota la disciplina de cualquiera! Estaba en un colegio de curas, hoy en día soy agnóstico, anticlerical, creo que ha sido una institución que históricamente ha jugado un rol perverso.

Siendo un colegio de hombres la interacción femenina era complicada, menos mal bailaba bien desde los 12 años ¡Eso es un gran activo!, pero no alcanzaba a compensar la timidez, apenas empataba.

¿Para esa época le gustaba la música?
Sí, claro. Ya tenía cierto gusto musical. Cuando uno es el hijo menor absorbe por los poros la riqueza musical de los hermanos.

¿A qué cantante admiraba?
En esa época sonaba Simon y Garfunkel… Ana y Jaime. El acceso a la música era por la radio. Estaba Radio Tequendama, Radio 15, Radio Visión y Radio Fantasía (en ese orden), eso fue pasar de la balada nacional a música más internacional. Veía el Club del Clan.

¿Trabajó como cajero?…
Siendo muy joven trabajé como cajero en una cigarrería que quedaba a pocas cuadras de mi casa, porque necesitaba dinero para una bicicleta. Finalmente la compré lavándole el carro a mi hermana, pero me anticipó lo de un año y le lavé 6 meses. ¡Todavía le debo los otros 6! (risas).

¿Para esa época las Matemáticas hacían de las suyas?…
Desde el colegio era muy bueno para esa materia, luego decidí estudiar Ingeniería de Sistemas, ese semestre fue horroroso, por eso me pasé a estudiar Economía. Las Matemáticas ofrecen una lente integral para analizar la sociedad.

¿Luego se va a EE.UU. a seguir estudiando?
Terminé mis estudios de Economía en la Universidad de los Andes, hice mi maestría allí. Decidí estudiar Relaciones Internacionales en Washington (EE.UU.). Mi colegio, además de ser masculino y de curas, tenía muy mal Inglés. Si no tienes buenas bases terminas ‘chapuceando’, lo bueno es que lo hacía con cierta habilidad, me convertí en profesor asistente allá. Eso sí, ¡no por ser tímido carecía de personalidad! y eso fue lo que me ayudó.

¿Cómo entra al Ministerio de Comercio Exterior? ¿Era amigo del Ministro?
No, para nada. En esa época el ministro era Juan Manuel Santos, se acababa de crear el Ministerio. En su condición de entidad recién creada estaba buscando gente técnica por todos lados. Trabajaba en la Universidad de los Andes y presenté entrevista, me propusieron ser director de área y un año y medio después fui nombrado viceministro. Fue una experiencia buena por el aprendizaje del sector público, lo malo es que el Estado agota a la gente de una manera infame.

DSC_0004 (3)Qué le diría a una persona que esté pensando en irse de Colombia ¿Qué argumento le daría para que no se
fuera?
Pues es un argumento muy personal, no sé si le sirva a la otra gente. Con los años mi hacer en el mundo se ha convertido en cultivar la capacidad de entender lo que me rodea y eso lo puedo hacer acá porque entiendo cómo funciona. Esa comprensión del momento histórico y específico permiten que esté muy atado acá.

Y en el caso contrario ¿qué le diría a una persona que quiere volver?
Depende de la clase de persona que esté haciendo esa reflexión. Además de la riqueza física del país, de la agricultura y sus climas, lo peor y lo mejor del país es la gente.

Diría que si quiere experimentar una sociedad en crisis de adolescencia, este es un buen sitio para hacerlo. Somos unos niños (la idolatría por Álvaro Uribe no es nada distinto que un hijo en búsqueda de papá). Somos incapaces de gobernarnos a nosotros mismos, somos irresponsables, no reconocemos límites. Así son lo niños, patalean, quieren todo para ellos, no reconocen normas y necesitan de un padre. Somos una sociedad infantil que está en tránsito a la adolescencia… se vienen el acné, el cambio de voz, etc. Es un momento interesante para vivir.

¿Cómo ve el país?
En ese tránsito a la adolescencia, buscando ser adultos como sociedad, creo que hay muchas cosas en las que hemos avanzado. Hay que recordar que hace 15 años éramos un Estado casi fallido. Las mejoras de los 10 o 15 años han sido sustanciales.

Hace pocos días estaba con un humorista venezolano y me decía: esa Colombia que tanto he amado, va a ser
Venezuela. ¿Qué opina?
No creo. Primero, la gente que dice eso piensa que la semilla de la transformación es el Proceso de Paz con las Farc. Ellos tienen un poder armado en tránsito hacía el poder político. Pasar de ahí a controlar el país, no va a suceder.

Segundo, para bien o para mal el próximo gobierno va a ser de centro derecha, eso va a hacer que se enderece el ‘caminao’, que los excesos del Acuerdo de Paz se aminoren y se vayan encauzando las cosas.

A diferencia de otros países de la región, el nuestro está curado contra la izquierda populista por los 50 años de duración de las Farc. Colombia es más de derecha que cualquier otro país del Caribe.

Si tuviera una ‘varita mágica’ qué haría por Colombia
Primero, ya sea con zanahoria o con garrote reduciría sustancialmente los espacios para la corrupción y la ilegalidad. Zanahoría serían incentivos adecuados, una mejor distribución del ingreso, un menor efecto de demostración entre los ricos y los pobres. El garrote es el sistema penitenciario y judicial, algo verdaderamente que funcione.

Segundo, mejoras sustanciales al sistema educativo, que sigue siendo terriblemente pobre y el capital humano es esencial para avanzar y mejorar. Tercero, como es un ‘varita mágica’ le quitaría la estupidez a la clase dirigente. La manera de lograr el bienestar individual es a través del bienestar colectivo y no a costa de él.

Ha hecho tanto en la vida, voy a pasar abruptamente a otra de sus pasiones. ¿De dónde salió esa vocación de ser crítico de cine?
El amor por el cine viene desde que tenía 14 años. Volviendo a ese niño solitario, el cine era fascinante y la mejor de las compañías. Era el mundo ideal de alguien que no tenía tantas relaciones con el exterior, uno se arma el mundo que quiere. Soy ‘omnívoro’ por completo: comedia, drama, ciencia ficción, policíacas… en fin. En la universidad hice un par de cursos de apreciación de cine y guión. Escribí un par de guiones, pero nunca pensando en ser crítico de cine.

Había trabajado en la revista Semana y en una ocasión el crítico de cine se fue a un Rock in Rio. La única manera para que le dieran permiso era que dejara encargado al primero que se encontrara, y esa persona fui yo (risas). El volvió, pero años más tarde crearon la revista Cambio y ahí empecé. De allí pasé a El Tiempo.

Siendo tan serio, ¿cómo llega a ser libretista de programas de humor político?
El humor es una manera de lidiar con algo que no nos gusta, permite hacer críticas. El humorista de alguna manera tiene unos mecanismos de defensa con un entorno que transforma lo difícil de asimilar, para hacerlo broma y decir lo que piensa. Terminé siendo libretista de Los Reencauchados y divirtiéndome muchísimo.

DSC_0022Y hablando de cine qué opina de…

Felipe Aljure:
es un personaje singular. Los directores en Colombia suelen ser unos grandes artistas y unos pésimos administradores y gestores. Felipe es racional y artístico, sabe donde está el peso, entiende la ley y hace películas maravillosas. Es polifacético y eso para un artista y director es muy importante. Hizo una de las dos mejores películas del cine colombiano: ‘La gente de la Universal’.

Simón Brand:
un director de oficio, profesional.

Ciro Guerra:
él tiene una visión del mundo increíble, también es persistente y polifacético, pero es mucho más artista que los otros dos. Ve el mundo con una lente muy personal.

Festival de cine de Cartagena:
dio un salto monumental de ocho años para acá, en todo, en la capacidad de programación, en la convocatoria, en la calidad de los invitados. Coincide además con el resurgimiento del cine colombiano con la ley 814 del 2003. Le falta tiempo, porque eso es como el vino… necesita maduración. Pero va muy bien.

Festival de Cine de Bogotá:
ese va mal. No es fácil decirlo porque habría que entrar en las entrañas y ver lo que pasa. Cuando un festival depende tanto de una persona, carece de institucionalidad. De hecho ahora que el cine es más fácil de distribuir, exhibir y tranzar, están emergiendo otros festivales de cine independiente de Bogotá que están tomando más protagonismo.

¿Cómo va Red + Noticias?
Estoy muy feliz, es una rutina exigente de lunes a viernes de 6:00 a 9:00 pm. Si fuera mi único trabajo sería fantástico, pero no es así. Siempre he trabajo de manera libre, soy consultor, investigador y periodista independiente, entonces si me daba por irme dos semanas a Villa de Leyva, lo hacía y si no quería hacer nada, no lo hacía. Esto es un noticiero diario y esa es la parte exigente. De resto fantástico. El proyecto es maravilloso y vale la pena impulsarlo, es revolucionar el periodismo.

¿Qué piensa de la alianza entre dos gigantes como Red+ Noticias y Caracol Radio?
Esa alianza tiene dos significados. Por un parte, busca proporcionarle a nuestra audiencia la combinación de buen periodismo en televisión, con buen periodismo en radio. Por otro lado, haber lanzado el canal Red+, es una ambiciosa propuesta con la que esperamos que el televidente tenga una buena oferta informativa todo el día. En suma, es un paso más en el crecimiento y la consolidación de la propuesta Red +.

¿Qué le diría a esos periodistas jóvenes que están empezando su carrera?
Les diría que la información se consigue en cualquier lado, está en el bolsillo. El síndrome de ‘la chiva’ es irrelevante ahora, la información va a llegar, la comprensión de la información es el nuevo reto.

Y hablando de amor… ¿Una persona se puede enamorar solamente con detalles? ¿Sin conocer a la otra?
Creo que se puede dar una idea elocuente de qué clase de persona está detrás de esos detalles, de esas cartas, de esos cortejos. Se puede estimular ciertas preguntas, interrogantes e intereses en esa persona, pero enamorarse de unos detalles, puede ser fuente de un gran desengaño.

¿“El amor se acaba” (como dice José José) o el amor se “gasta de tanto usarlo”, como dice Rocío Jurado?
Yo estoy con José José, el amor se acaba.Pretender que dos personas que en un momento de la vida convergieron en intereses, atracción, romance y solidaridad, conserven eso a lo largo de la vida, no es realista.

¿Le gusta la poesía?
Me gusta más la música. Me gusta la poesía romántica.

¿Qué canción le rompe el alma?
“Para saber cómo es la soledad” de Luis Alberto Espineta. De los cantantes italianos Lucio Ba-ttisti, “E penso a te”.

¿Qué lo enamora de una mujer?
La inteligencia, es fundamental.

¿Se volvería a enamorar?
¡Por supuesto!

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