En un lugar no muy lejano, en medio de una gran ciudad, se encuentra una ‘casita’ de chocolates. Allí los sabores más increíbles e inimaginables conquistan los paladares de propios y extraños que llegan atraídos por el mágico olor del cacao.

Por. Cristy Jiménez
Fotos: Santiago Castro

Aunque parece un cuento, la verdad es que la historia de este lugar tiene algo de magia y para muchos puede ser una fantasía. Cuando Marcela Portela y su hermana eran niñas, su madre solía traerles deliciosos chocolates de ‘reinos lejanos’. Chocolates belgas, suizos, indios y en general del mundo entero, con mezclas exóticas que se convertían en toda una experiencia para el paladar.

Luego su madre enseñaba pacientemente a Marcela cómo prepararlos y en ocasiones ella se aventuraba a intentarlo sola. Los sobrevivientes de estos ‘experimentos’, eran hábilmente vendidos en su colegio y poco a poco fueron ganando fama. Eran tesoros que los niños aguardaban pacientemente.

FSC_4012Bogotá una dulce ciudad
Pasaron los años y Marcela decidió estudiar Antropología, pero su pasión por los chocolates seguía ahí. Incluso como parte de su estudio realizó una investigación acerca de la importancia del chocolate santafereño en la ciudad y el fenómeno del barrio 20 de julio.

Pero definitivamente el destino de Marcela estaba marcado. En San Francisco (EE.UU.) trabajó en una chocolatería y luego estudió este arte en el Instituto Gastronómico San Telmo, de Buenos Aires (Argentina). Fue entonces cuando aprendió a hacer trufas y crear sus propias recetas; bombones con pimienta, semillas y frutas, mezclas tan increíbles que no se pueden describir, solo disfrutar.

De regreso a Colombia Marcela vendía entre sus amigos cajas de deliciosos dulces. Luego creó un modesto local de chocolates cuya clientela empezó a crecer cada vez más, al punto que tuvo que ampliar el negocio.

FSC_4048Una tarde de chocolate
Desde el ingreso al local, ubicado en el barrio La Macarena de Bogotá, hay un ambiente acogedor. Paredes de colores vivos y contrastantes, entrepaños con los libros típicos de nuestros colegios: Cartillas Nacho, Álgebras de Baldor, libros de literatura y atlas hacen parte de la curiosa decoración. También hay juguetes que están disponibles para que los niños disfruten de este mundo, mientras degustan una taza de chocolate caliente en compañía de su familia.

Las recetas son increíbles, chocolates espumosos con pimienta, jengibre, canela y muchos otros sabores; servidos en una tradicional olleta. El secreto (como el de las abuelas), esperar los tres hervores. Pero en este mundo además de las trufas, los bombones y el chocolate caliente, también se encuentran tortas, helados, mousses y fondues.

Nuestra protagonista creó un modesto local de
chocolates en el barrio La Macarena ,
cuya clientela empezó a crecer cada vez más,
al punto que tuvo que ampliar el negocio.
Recientemente abrió una sucursal en el Centro
Comercial Fontanar.

Curiosamente, así como en el pasado su madre le enseñaba a Marcela a preparar chocolates, ella replica el ejemplo con su hija, quien propone nuevas e impensadas recetas al mejor estilo de Willy Wonka. La abuela también participa del proceso y enseña pacientemente los secretos de este arte a su nieta.

Y así, poco a poco, nos vamos alejando de este lugar donde reina su ‘majestad’ el chocolate. Atrás queda la puerta azul con vidrios transparentes y las paredes rojas de la fachada. Desde la ventana se ven las chocolateras, y su equipo, preparando deliciosas recetas para deleitar a los comensales que empiezan
a llegar. ¡Buen provecho!

La choco-Latera
Dirección: Cra. 4 A No. 26 C -13
La Macarena – Bogotá

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