JOHNATAN NIETO LA REVELACIÓN DE CITY TV

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Carismático, talentoso, profesional, impecable, caballeroso, pero ante todo, lleno de Dios; así es el presentador de ‘City Noticias de las 8’.

Por: Magda Egas y Cristy Jiménez
Fotos: Andrés Reina
andresreinafotografo@gmail.com
Instagram: @andresreinafoto

Desde el 22 de enero el cucuteño regresó a City TV por petición del público, que tras el cambio de formato del noticiero pidió su regreso. Las redes no paraban. Y es que Johnatan Nieto ha impuesto su sello personal, una mezcla entre sus raíces, una fuerte influencia de su abuelo (también periodista) y sus vivencias personales. Su familia es su motor de vida: está casado y tiene 2 hijos.

Orgullosamente cucuteño
¡Del norte bravo!

¿Cuántos años?
42.

¡Pero se ve mucho más joven personalmente!
Sí Magda, eso me dicen. La verdad es que me dejé la barba para verme mayor. Hace muchos años tuve una novia de más edad y ella tenía un complejo con el tema, por lo que siempre me pedía que me dejara crecer la barba.

¿Por qué estudiar Periodismo? ¿Alguien influyó?
Sí, mi abuelo materno era periodista y tenía una columna en ‘El Diario de la Frontera’. Él era mi confidente, yo me la pasaba en la habitación escuchando sus historias. Era amante del tango, le gustaba la música clásica y los boleros, especialmente los de Agustín Lara.

Recuerdo que me decía: “siéntate aquí y escucha esto y me dices qué piensas”, mientras me leía sus columnas. Tenía como 6 o 7 años y me contaba sus historias, él recorrió Suramérica y me hablaba de Uruguay, de Argentina, de Bolivia, de Perú… en fin, de sus correrías. ¡Por supuesto de Periodismo! Eso fue algo que mi abuelo Libardo me ‘inyectó’.

¿Dónde estudió?
Termino mi bachillerato y me voy a Bucaramanga a hacer mi carrera. Tenía dos opciones: estudiar Cine o estudiar Periodismo. Voy a confesar por qué me decidí por la segunda, siempre me gustó el Cine, pero algún día vi a Ernesto McCausland haciendo una crónica de un minuto y medio, en un municipio del Atlántico. Un hombre estaba construyendo un helicóptero en medio del desierto, quedé anonadado. Pensaba: ¡No puede ser!

Me fascinó y dije: a eso me quiero dedicar. Mi mamá es abogada y estaba haciendo su maestría en Derecho de Familia en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, entonces cada fin de semana iba. En esos “irés y venires” me trajo el pénsum de Periodismo. Lo leí y me encantó el énfasis en lo audiovisual.

Me fui para Bucaramanga, hice mi carrera y paralelamente empecé en el Canal Regional del Oriente como reportero. En algún momento me tocó decidir, porque se me estaba alargando la universidad por estar trabajando. Paré la reportería y finalicé mis estudios.

¿Cómo llega a Bogotá?
Un día vi en El Tiempo un reportaje muy extenso sobre la apertura de City TV, me gustaba la propuesta, los elementos de ciudad y frescura del formato que habían adquirido de la franquicia de Toronto (Canadá). Pensé: “tengo que hacer mis prácticas allá”. Nadie de Bucaramanga había hecho practicas en Bogotá, es más… cuando llegué me di cuenta que no había ningún estudiante de otra región.

Al principio no me querían aceptar porque no vivía en la capital, llamé a la jefe de talento humano y me presenté. Me dijo que no estaban recibiendo estudiantes de otros lugares del país porque necesitaba que se “moviera” en la ciudad. Le sentí un acento y le pregunté de dónde era, me dijo: “soy ocañera” y le respondí: “pero: si usted es paisana mía, ¿cómo me va a negar la práctica?” Ella se rió y me dijo que lo iba a pensar.

Como no respondió, viajé y llegué al canal. Cuando me vio dijo: “¿qué hace acá? Le dije que no tenía vacantes disponibles”, pocos días después me llamó: “hay una oportunidad, es un programa que se llama ‘Arriba Bogotá’, en la mañana”. Obviamente acepté.

Me entrevistó Darío González, que era el director del programa, estaba un poco escéptico. Me citaron para junio y empecé. Un día hubo una explosión en una bomba de gasolina pirata (en esa época solo había un periodista para ‘Arriba Bogotá‘ y llegaba a las 7:00 a.m). Le pedí a Darío que me enviara, él respondía que los nervios me podían jugar una mala pasada. Finalmente, aceptó y dijo que me apoyaba desde el estudio, me fue muy bien en el directo. Más que nervios me faltó aire, venía de Cúcuta y la altura me afectó.

El Periodismo en su caso, tiene un ingrediente de profesionalismo, de riesgo y… ¿algo de suerte?
No creo en la suerte, tengo una relación cercana con Dios. En ese momento pensaba que era muy afortunado y actualmente entiendo que era parte de un diseño perfecto de Jesucristo para mi vida. Estaba en el lugar y momento exacto haciendo lo que debía hacer. Pienso que nuestra vida está escrita en un libro, y tiene capítulos para nosotros.

Es como un tesoro que está guardado (y te dan el mapa), depende de ti, si lo vas a buscar y lo encuentras.

¿Cuál es su mayor fortaleza como periodista?
Creo que soy un buen ser humano, entonces por antonomasia me considero buen periodista. Una buena persona dice la verdad, no se deja comprar y quiere hacerle el bien a los demás; el resto se puede adquirir o entrenar. Puede tener las fuentes más importantes, hablar de tú a tú con un ministro y tener información privilegiada, pero un buen ser humano, “es o no es”.

Cuando Darío Restrepo me llamó de regreso al canal, le explicaba que llevaba mucho tiempo sin estar en los medios (trabajaba en comunicación organizacional hacía 10 años), y no entendía por qué me llamaba, él respondió que los mejores periodistas, eran buenas personas ante todo.

¿Por qué se había ido?
Era joven, soltero y me hicieron una propuesta económica tentadora, además me mostraban una rama de la comunicación muy interesante: la organizacional, un tema inexplorado para mí. En la universidad me iba bien y decidí probar.

Me plantearon dirigir la comunicación organizacional en una gran empresa y desarrollar elementos de Periodismo, me dejé tentar y me fui por ese camino muchos años.

¿Qué sintió cuando Darío Restrepo le abrió nuevamente las puertas?
Es un milagro. Ahí está la respuesta de Dios a muchas cosas. Creo en el poder de conversar con quien te dio la vida y te creó. La Biblia dice: “cosas que ojo no vio, ni oído escuchó; ni han estado en la mente de ningún hombre, son las que tengo preparadas para los que me aman”. ¡Dios es fiel y responde! Me da mucha felicidad poder decirlo, porque eso da testimonio de lo que está sucediendo.

Todos tenemos un modelo a seguir cuando nos estamos formando, ¿cuál es el suyo?
Presento noticias con aspectos de mi vida, por ejemplo saludo en el noticiero, con un “muy, pero muy buenas noches”, que es una frase de mi abuelo. También la forma como hablo con los periodistas evoca las tardes en Cúcuta. Allá cuando son las 5:00 p.m., la gente saca su mecedora, se sienta en el jardín de su casa y empieza a hablar con los vecinos, a contar los cuentos de la ciudad y de lo que pasó: que atropellaron a un señor, etc. Termino haciendo el noticiero con elementos propios.

Además, hice teatro durante todo mi bachillerato porque era un niño muy tímido, me volví más histriónico y empecé a desenvolverme mejor con mi cuerpo.

¿Qué parámetros debe tener un periodista actualmente? ¿Internet ayuda?
Internet ha agilizado los temas, la información, pero no se están contrastando las fuentes y eso es grave. Lo más importante del Periodismo es la verdad, que debe estar por encima de todo. A veces la inmediatez de las redes sociales, limita muchísimo la veracidad de las noticias. Salen al aire y no se contrastan.

Prefiero no salir primero, pero hacerlo bien. Además esa es una instrucción de Darío Restrepo y del manual de redacción de la casa editorial, así debe ser. Hay una lucha por vender inmediatez, pero no hay profundidad y los periodistas actualmente se están formando así.

¿Se considera periodista económico, político o general?
Mi fuerte en este momento es Bogotá. Esta ciudad me ha permitido trabajar en diferentes campos donde he adquirido información valiosa. Son 2.280 barrios, 116 UPZ, 8 cuencas hídricas fundamentales, 200 espejos de agua… entonces tengo la ciudad en mi cabeza, me encanta y la amo.

Creo que el periodista debe especializarse en algo, no creo en los toderos. En este proceso de las redes sociales y la apertura de Internet “todo mundo sabe de todo”, pero no hay profundidad. Averigüe cómo se mueve geopolíticamente la ciudad y las localidades, por ejemplo.

Ha ganado premios destacados… ¿alguna vez sintió que estaba perdiendo su sencillez o los ha recibido con humildad?
He recibido dos ‘TV y Novelas’. Fui con mis hijos Samuel (11) y Amada (9), les pregunté: “¿si ven lo que sucede alrededor?”, tenían al frente a unos cantantes muy famosos (según ellos, porque yo ni los conocía), y estaban deslumbrados con la parafernalia de la farándula nacional. Les dije: “todo esto es pasajero y efímero. No dura nada. Lo que realmente permanece es lo que está dentro de ustedes”.

Lo más importante del
Periodismo es la verdad,
que debe estar por
encima de todo. A veces
la inmediatez de las redes
sociales, limita muchísimo
la veracidad de las
noticias. Salen al aire y no
se contrastan.

¿Qué viene para usted?
Crecer con City Noticias, perfeccionarme en la presentación, estoy empezando… me considero novato. Me falta mucho por experimentar, conocer, aprender y mejorar. Hay que profundizar. Soy reportero todavía, me gusta estar en campo, a veces el set ‘ahoga’.

Me dijeron que había sido muy enamoradizo… ¿Es cierto?
(Risas) No sé por qué era tan enamorado, herencia de mi abuelo también (de hecho, no sabemos cuántos tíos tenemos). La verdad, me enamoraba minuto a minuto.

¿Qué lo hizo cambiar?
Dios es muy curioso con la gente y sabe cuáles son nuestras debilidades y nos habla. Me enamoré de una mujer que me llevó a los caminos de Él. Ella es historiadora y abogada, en esa época estaba en la búsqueda, quería conocer de Dios y había un predicador que le parecía muy interesante porque tenía estructura histórica. Enriquecía el debate de ‘la palabra’.

Un día me dijo: “quiero conocer a ese señor” y como estaba enamorándola, pues ajusté todo para que ella pudiera hacerlo. ¡Estaba “ganando puntos”! Entonces nació la inquietud por saber quién era Jesucristo. Realmente no me considero de una religión, creo que es la palabra del amor. Yo invite a Jesús a que se subiera en mi barca y espero que nunca se baje.

Sus hijos están creciendo con esta forma de pensar…
Sí. La verdad me da mucha felicidad verlos con esta formación. Por supuesto son niños que tienen defectos (como todos los seres humanos), pero percibo en ellos cosas que no veo en otros. El respeto, la obediencia a sus padres; eso me parece básico y se ha perdido.

Fue hijo único, ¿sobreprotegido?
Sí, espantosamente sobreprotegido, desordenado, fui criado en un matriarcado (mi abuela, mi tía y mi mamá). Las figuras paternas eran mi abuelo y mi padre (que, a pesar de la separación siempre ha sido mi amigo y confidente).

¿Quisiera que alguno de sus hijos fuera periodista?
Lo que ellos quieran, aunque veo que Amada (mi hija), es muy locuaz.

¿Cómo ve a Colombia en el mañana para educarlos?
Amo mi país, mi ciudad, soy cucuteño, pero amo a Bogotá con el corazón y los quiero criar acá. Confieso que me encantaría terminar mis días en una finca, viendo montañas; con mis nietos corriendo, visitándome, mientras les narro historias.

Si usted tuviera la oportunidad de ser candidato presidencial, ¿qué ofrecería o cambiaría del país?
Es complejo. Creo que el primer paso para cambiarlo todo es la honestidad, vivimos en una corrupción que va más allá de la política. Es tan cotidiana que se volvió costumbre sobornar al policía, al curador, al portero y ¡al mismo periodista! Esa sería la base, cuando hay transparencia se puede invertir mejor y hay crecimiento. Debemos estar unidos, pero lamentablemente en este momento estamos divididos por ideologías. No le veo sentido a que después de la ‘Guerra de los mil días’, sigamos igual.

Dice que ama Bogotá, ¿qué haría para mejorar la seguridad ciudadana?
Dos cosas: a largo plazo, debe haber oportunidades para la gente. Si los jóvenes no tienen opciones de trabajo o estudio van a caer en redes de microtráfico. A corto plazo, un mejoramiento en la vigilancia con cámaras. En Londres, las cámaras privadas y públicas están enlazadas para que la Policía pueda controlarlas y ser más efectiva. Acá se usan para judicializar a la gente y no para prevenir los delitos.

Para finalizar, envíele una reflexión espiritual a nuestros lectores…
No quiero sonar reiterativo, ni fanático, pero Jesús me cambió la vida. Solo quiero concluir con tres preguntas para ellos: ¿Será que Dios quiere que sigas por el camino que llevas?, ¿vas en el equivocado?, ¿esa es la voluntad perfecta para ti?

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