El valor de un consejo.

0
976

El columnista para web

AMPARO PÉREZ

Periodista con 40 años en el ejercicio de la profesión, en prensa, radio y televisión. Es la Defensora del televidente del Canal Caracol, cargo que ocupa desde 1999. Actualmente es miembro de la Organización Mundial de Ombudsmen ONO y de la Organización Interamericana de Defensores de las Audiencias de América Latina. Ganó el Premio Policarpa Salavarrieta como Mujer del año, en 1998, entre otros.

Magdita Egas, la directora de la Revista Femme, mi mejor amiga y mi hermana, me invitó a escribir una columna para esta edición y me dijo que el tema era libre.
Tenía tantos temas en la cabeza que no sabía cómo, ni por dónde comenzar. Me surgió el dilema si tenía que escribir como Defensora del Televidente e insistirle a los padres, que son los responsables de lo que ven sus hijos en televisión.
Pensé en escribir sobre cómo conseguir un compañero usando la mirada 38, cuyo secreto he confesado a unas cuantas amigas, sin muchos resultados: mirar una vez tierna y coquetamente y no volver a mirar.
Ese tip, lo confié a mis entrañables tocayas Amparo Grisales y Amparo Peláez a quienes de paso les recomendé que también era necesario hacerse un corte como el mío, con flequillo, que les diera un aire de mujer tierna, nada intimidante, asegurándoles y casi jurándoles que ese era el tipo de mujer que le gustaba a los hombres, que no levantarán la voz, nada de gritos, poco trago y un lenguaje moderado que les susurrará al oído.
Descartando el plano sentimental, recordé que el tema apropiado para contarles era el de salud, quien más que yo que he sido medica graduada en la universidad de la vida y los consejos para tratar el asunto. Además, porque a mí también me somete

la enfermedad de moda: el estrés y otro número de mujeres diagnosticadas por patologías inespecíficas como la fibromialgia o el sincope vagal y todo tipo de enfermedades inmunológicas, pero el tema no me llegó al alma.
Creí que sería mejor compartir mi experiencia en escenarios como la terapia para contrarrestar la depresión, el olvido y los sentimientos de culpa: ir de compras. Sin duda, este es un tema tan femenino como mundano, pues a las mujeres les fascina comprar, no importa si tienen dos o cien pares de zapatos.
Me dispuse a escribir sobre aquellas mujeres que hablan de fidelidad o infidelidad de sus hombres y recordé que un gurú me preguntó una vez, si yo en verdad había amado a alguien, o si sólo quería que fuera mío y acomodarlo a mí estilo. Esa pregunta me desubicó mucho, y sigo pensando si mejor escribo sobre belleza, o cómo envejecer con dignidad. Durante años me la he pasado hablando sobre el secreto de la eterna juventud, las bondades de la cáscara de huevo, que evita las arrugas, cierra las heridas y no permite que la piel haga queloide.
Cuando se trata de fungir como asesora de belleza nunca falta el tema del mejor cirujano plástico, de la vacunterapia que adelgaza rápidamente. El llamado de atención: “ojo con el bótox, no se haga cirugías en la cara, que lo mejor es ir al gimnasio”. He

recomendado Pilates, la cucharita para encresparse las pestañas y decirle a más de una que el mejor secreto es la vida sana.
El mosaico de consejos ha alcanzado hasta para mis estudiantes de periodismo, “hay que investigar”. También he confiado mi palabra mágica: actitud, que es la que nos lleva -digo yo- a triunfar en la vida, a tener autoestima y a no fracasar.
Como de consejos se trata, quiero que sepan de una historia que me avergüenza y que hace parte de esa cultura del atajo que no quisiera repetir. Hace 20 años, para una Navidad, en el Colegio Andino pedían a los padres hacer una casita de chocolate para sus hijos. Por mis ocupaciones, seguí el consejo de una cuñada que me dijo- ahórrate ese trabajito y compra la casita de chocolate en la panadería Metropol-.
Me pareció fácil y llegué con el trabajo hecho a irrumpir en el salón ante la mirada de los padres de familia que tuvieron a bien disimular mi estupidez y regalarme gomitas, masmelos y cartones para hacer con mis propias manos la casita para mi hija. Nunca cometan el mismo error y valoren un consejo.
El consejo lleva implícito aprecio hacia el prójimo, por eso en esta Navidad, una fecha tan especial, hagamos un brindis por esos amigos que se han tomado un minuto para aconsejar.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here