Por: Magda Egas
Fotos: ANDRÉS REINA
andresreinafotografo@gmail.com
Instagram: @andresreinafotografo

Por fortuna para nosotros, una huelga estudiantil lo condujo al
periodismo, y su interés incansable por la investigación, lo
llevó a estudiar Economía y luego Ciencias Políticas para entender
el periodismo de estas áreas.

Es un hombre tranquilo, de mente abierta y versátil. Se ha ganado la admiración de sus colegas y hoy es ícono del  periodismo. Para nuestra edición de aniversario, ¡la número 40!, quise hacer mi propia versión de ‘Historias de la gente’, y no podría ser otro el invitado, quién mejor, que Darío Restrepo.

¿Por qué la mayoría de gente cree que usted es pastuso? ¿Cómo fueron sus inicios?
Para mí es importante aclararlo porque soy antioqueño, pero arranqué mi carrera en Pasto siendo casi adolescente. Soy antioqueño de pura cepa, todas mis raíces son de Antioquia, desde los tatarabuelos para acá. Toda mi familia, excepto mis hijas, viven allá.

Mi carrera inició en Pasto, llegué allá por ‘accidente’; a raíz de una huelga estudiantil tuve que salir de mi tierra  huyendo.

¿Por qué Pasto?
Éramos un grupo de estudiantes, nos fuimos al sur del país a buscar refugio y llegamos al Putumayo. Después regresé a Pasto y me asenté ahí. Llegué a buscar trabajo y el que más se acomodaba a mis aspiraciones y a mi vocación (estoy convencido que el periodismo para mí, lo es), era un trabajo en una emisora local que se llamaba ‘La voz de la amistad’.

Toda mi vida he pensado en comunicación, desde niño cuando me ponían a hacer tareas, me encantaba crear mis propias historias.

Ha sido privilegiado de hacer lo que le gusta.
Sí, mi vida siempre ha girado en torno a la escritura y a la comunicación. En las manifestaciones estudiantiles yo me pedía ser el perifoneador. Todo ha sido comunicación en mi vida y jamás he hecho nada distinto.

Empecé como locutor dando la hora y cuidando la emisora, estaba reemplazando al locutor que hacía el último  tiempo hasta las 11 de la noche, era un programa de complacencias musicales, eso se acostumbraba mucho en esa época, sobre todo en las emisoras de provincia.

¿Cuándo y por qué llega a Bogotá?
Cuando estaba en Pasto, me fui dando a conocer; primero en ‘La voz de la amistad’ como locutor, luego como redactor de noticias. Posteriormente, pasé a trabajar a Radio Pasto, que ya era de Caracol, estando ahí empezaron a pedirme desde Bogotá informes, así me convertí en corresponsal, hacía programas como: ‘En línea directa’ y ‘Cinco
reporteros y un personaje’.

Este último fue accidental. Un día llegó Misael Pastrana Borrero que era Ministro de Gobierno, pero ya era  precandidato presidencial. También llegó Darío Hoyos, el director, a hacer ‘Cinco reporteros y un personaje’ (cinco  periodistas entrevistando al personaje de la semana). Junto con él iban cubriendo la gira: Gabriel Gutiérrez, Álvaro García y Javier Ayala, faltaba el quinto reportero, entonces dijeron: “démosle unas preguntas al corresponsal y nos completa”.

Parece que no lo hice tan mal porque a los dos días me llaman y me dicen: ¿usted no quiere trabajar en Bogotá? Y respondí: ¿a qué horas vuelo?

urg¿La suerte lo ha favorecido?
No es suerte, es que el destino está escrito, uno está ahí y la vida se va desarrollando.

Cuando llegué a la capital Hoyos me dijo: “El único problema es que la vacante que tengo es para un periodista  económico” y pensé: ¡Uy, no sé ni restar, ni multiplicar! (Risas). A raíz de eso empecé a estudiar, pensé que para ser un buen periodista  económico debía dominar el tema.

Después me pasó algo similar, ya estando con Caracol me llamaron a trabajar en El Tiempo (también había sido corresponsal para ellos) y me dijeron, aquí debe ser corresponsal político, y bajo la lógica anterior, empecé a  estudiar Ciencias Políticas en la Javeriana.

Jamás he tenido que gritar a nadie y toda la gente
que ha trabajado conmigo me quiere, me respeta y me responde
profesionalmente. ¿Para qué humillar?

Fue subdirector de El Espacio.
Esa fue una etapa muy extraña, porque en algún momento me ofrecieron hacer este periódico. Era un vespertino, había que levantarse (o no acostarse) para tener el periódico listo. Ahí duré poco tiempo, pero fue muy interesante el ritmo de trabajo, las fuentes… Esos periódicos se agotaban apenas salían.

Pero su casa siempre ha sido El Tiempo.
Mi casa siempre ha sido El Tiempo, pero he salido y regresado 4 veces. ¿Por qué? Aquí siempre me han querido mucho y he tenido los mejores maestros, pero en esa época, El Tiempo no era el conglomerado de medios que es hoy, si usted quería hacer radio o televisión, tenía que irse. Eso fue lo que me pasó, regresaba cargado de conocimiento y nuevas experiencias.

Colonizó un horario en televisión con su programa ‘En Vivo’ (con Adriana Arango), ¿qué experiencia le dejó?
Esa fue de las experiencias más lindas que he tenido, la televisión de Colombia en esa época se acababa a la media noche y volvía a encender al medio día. El gobierno de Ernesto Samper decidió que la televisión debería ser de 24 horas, estaba muy atrás frente a otros países. Abrió una licitación para adjudicar esos espacios que eran ‘muertos’ en ese momento. Era desde las 6 de la mañana, la audiencia no estaba habituada, no había anunciantes para esos horarios, no había periodistas de televisión acostumbrados a madrugar a las 4 de la mañana para hacer un programa que se emitia en vivo de 6 a 8 de la mañana.

Con Felipe Zuleta hicimos una empresa, nos arriesgamos y nos asignaron el espacio. Nos fue tan bien, que nos  convertimos en los reyes de rating en ese horario. Era un magazín con noticias, entrevistas y música. Ahí hice de todo, era un ejercicio de versatilidad periodística.

Llega a City TV que era un canal regional, para convertirlo en lo que es hoy.
Es curioso porque City es un canal de Bogotá y sin embargo, todo mundo nos compara con los canales nacionales y ellos nos copian. Eso me hace sentir orgulloso, porque siendo un canal local tenemos un alcance nacional, por lo menos en ideas y en producción.

¡La otra forma de contar las noticias!, ese eslogan es maravilloso y todos tenemos recordación por eso.
El modelo de City fue muy atractivo, no solo el modelo del canal, sino particularmente la forma de contar la noticia. Bajé al presentador de ese altar en el que todavía están algunos y lo acerqué al televidente. En los procesos de selección siempre he dicho que quien venga a presentar en City tiene que ser ante todo periodista, entender lo que está pasando y lo que va a decir. No quiero, ni reinas, ni modelos, a menos que sean buenas reporteras. Lo otro es adaptarse al modelo de City que no es estático, tiene que tener capacidad de improvisación
y de preguntar.

Eso fue creando un imaginario y un cariño.

¿Y la fuente?
Nuestra premisa es que la principal fuente que debemos tener es el ciudadano. En el periodismo convencional la fuente principal es la oficial, invertimos el concepto, entonces para nosotros la fuente principal es la gente del barrio, del colegio y del bus. Cuando plantean algo nosotros vamos a la fuente del funcionario, para responder esa necesidad del ciudadano.

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Un estilo que lo identifica… El hombre que porta las
tirantas más famosas del país.

Muchos directores, por la presión, tratan mal a los periodistas ¿cómo es usted?
Muy calmado, soy un monje zen. A nadie grito, no regaño en público, mucho menos en medio de la emisión. Ese modelo de director que insulta, que regaña, que maltrata no es fruto ni de los nervios, ni del perfeccionismo, ni nada; es un estilo personal, que viene más ligado a la arrogancia, que a los nervios. No es necesario. A mí me ha ido bien y he sido jefe en muchas partes, en El Tiempo, en Cambio 16, en Semana, en los noticieros que he dirigido. Jamás he tenido que gritar a nadie y toda la gente que ha trabajado conmigo me quiere, me respeta y me responde profesionalmente. ¿Para qué humillar?

¿Qué opina del reportero que se convierte en ‘juez y parte’?
El periodista es un intermediario entre el poder y la sociedad, y el buen periodista es el que presenta muchos elementos de juicio para que ese lector, oyente o televidente se forme su propia opinión. Forzar a un personaje o ‘acribillarlo’, es romper con la esencia del reportero. Tomar partido no tiene sentido, no estaría cumpliendo con su deber. Eso lo hace el columnista o el analista.

Ahora, uno como reportero sí tiene que preguntar, enfrentar a la fuente y confrontar al entrevistado, para sacar la verdad.

La gente dice que usted es un poco frío, que no se altera con una noticia mala, ni con una buena.
Es que así soy en todo, yo aprendí desde muy niño (gracias a una enseñanza oriental), que es un axioma en mi vida, que uno no debe exaltarse nunca de alegría excesiva con las cosas buenas, ni debe entristecerse en demasía con las cosas ‘malas’, porque todo vuelve a su cause, lo que hoy es bueno, mañana no lo será; lo que hoy es risa mañana es lágrima o viceversa.

Aclaro, yo no me impongo a nadie, pero pienso así. Trato de mantener la alegría, o el equilibrio. Eso sí, río mucho, pero nunca voy a los extremos, también soy muy sensible. Lloro con mucha facilidad.

Háblenos de ‘Historias de la Gente’, ¿cómo logra que al llegar a un barrio la gente le abra su corazón con tanta naturalidad? ¿Cuál es ese ingrediente?
No lo sé (risas). Siento que me quieren mucho, pero principalmente en este país, la gente está ansiosa porque la escuchen. Necesita que la oigan y no hay muchas formas de expresarse, este es un país muy inequitativo donde las oportunidades son muy limitadas. Las élites son muy arrogantes y la mayoría de nuestro pueblo tiene muchas dolencias en el alma, muchas cosas para decir y quiere expresarlas, pero no hay quién las escuche. ‘Historias de la Gente’ es la posibilidad de desfogarse. Es curioso, pero en el punto en que yo me pare, siempre llega alguien a saludar y a revelar su vida. Me cuentan todo: los sucesos más divinos, graciosos, atroces y dolorosos.

La calle se vuelve la sala de la casa y yo también les cuento mis cosas. Se convierte en una conversación animada, sencilla y rica.

En música es imposible definirme, porque me debato
entre Bach y Julio Jaramillo.

¿Qué viene para City Noticias?
Siempre estamos buscando lenguajes nuevos y fórmulas actuales de hacer periodismo. Nosotros inventamos el ‘Noctámbulo’, el ‘Reportero Ciudadano’ y ahora, ‘Historias de la Gente’ (en donde estamos descubriendo que el mundo no es solo Bogotá). Recientemente estuvimos en Medellín y Soacha y fue un éxito extraordinario.

¿Qué viene para Darío?
Ya no mucho, tengo derecho a descansar (Risas).

¿Cuántos premios?
La verdad no he hecho la cuenta, pero son varios (mira la ventana, donde están algunos de los premios). Cuatro Indias Catalina como noticiero, hay uno mío como presentador, hay cuatro Simón Bolívar, tres CPB y cuatro Álvaro Gómez, son muchos, pero el mejor es el cariño de la gente.

Darío, investigando me encontré con varios datos que no conocía: no sabía que tocaba el violín, ni de su amor por la música barroca.
Tengo varios problemas en la vida (risas), en música es imposible definirme, porque me debato entre Bach y Julio Jaramillo, ¡en serio! También me encanta Vivaldi, pero soy feliz tomándome unos aguardientes oyendo a Óscar Agudelo, a Rolando la Serie y a Alci Acosta.

Pero es de extremos, era un gran futbolista y ahora es un golfista maravilloso.
Siempre he creído que el ser humano es versátil y no debe dejarse enfrascar, y menos en los gustos de la vida. He practicado deportes desde niño, jugué fútbol, luego participé en el equipo de El Tiempo, era puntero derecho y hacía goles. También hice atletismo, basquetbol, tenis y squash con gente que hoy en día es muy importante. Hace 20 años practico golf. Es un deporte que exige lo que a mí me gusta: concentración, humildad (cuando el golf quiere humillarlo lo hace), se necesita paciencia, tranquilidad y conocimiento (hay que saber cómo se comporta el viento, conocer las distancias y la topografía). El golf es el mejor espacio para hacer negocios.

¿Qué es el amor para usted?
Todo. No existiríamos sin él. Es lo que mueve la vida.

¿Qué lo enamora?
Muchas cosas, entre ellas un paisaje, por eso he vivido siempre (y sigo viviendo) en el campo. Las ciudades me agobian.

Una buena interpretación musical y la gente sencilla también me conquistan.

Periodista, deportista, esposo, padre… pero un ‘merengue’ como abuelo.
Pues imagínese si no. Tuve un nieto que se murió de 11 meses, cuando estábamos en la plenitud del enamoramiento con él. Tres años después, esa misma hija, que me había dado ese nieto, me da mellizos. ¡Ahí llegué al muro!

¿Cómo es la Colombia que usted añora para sus nietos?
El país en los últimos 60 años no ha tenido un solo día de paz, yo no he conocido eso, mis hijas igual. Solo aspiro a que mis nietos mellizos vivan en un país diferente. Ese es mi sueño, por eso no entiendo a quienes con artilugios políticos se oponen al Proceso de Paz. Por más fallas que tengan los acuerdos, son mucho mejores que la muerte, prefiero tragarme todos los sapos del mundo, con tal de que ellos pasen a echar discursos y no bala.

Para finalizar, estuvo con nosotros en nuestro lanzamiento, ¿cómo ve la revista cuatro años después?
Debo decir lo que pienso cada vez que me llega una nueva edición, es admirable el esfuerzo suyo, yo sé lo que significa mantener en pie un medio de comunicación en este país, más aún cuando la tecnología está dando paso a nuevos lenguajes. Eso es digno de admirar. Nunca decae, siempre tiene temas de interés, personajes que uno descubre, en su vida y en su interior. A mí me encanta, leo la revista periódicamente, de modo que ¡Chapeau! (me quito el sombrero).

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