CUIDEMOS A NUESTROS NIÑOS Y NIÑAS

0
1211

luisa fernanda2008

LUISA FERNANDA YÁGÜEZ ARIZA

Colombiana residente en Madrid hace 23 años. Psicóloga Clínica, responsable de formación en la ‘Fundación Anar’ (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo, con 25 años de experiencia como terapeuta familiar. Experta en el área infanto juvenil. Miembro del LIP AI, Lista de intervención profesional en adopción internacional del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. En Colombia trabajó en intervención en crisis y terapia de emergencia con los supervivientes del desastre de Armero y en Chile como psicóloga del Servicio Nacional de Menores (SENAME), en el área de protección de menores.

Perder la capacidad de asombro ante el sufrimiento ajeno es una de las cosas más graves que puede ocurrir a una sociedad.

Acostumbrarnos a la violencia implica normalizarla. De tal forma que dejamos de hacer crítica al “azote dado a tiempo”, al golpe reiterado y sistemático a la niña o al niño durante su proceso de crianza, al insulto, descalificación, trato humillante y al silencio utilizado como forma de castigo.

El último informe de UNICEF “Ocultos a plena luz” (2014) presenta los datos estadísticos más recientes sobre la violencia contra los niños, basados en información correspondiente a 195 países y recoge:

“Solamente en 2012, el número de niños y adolescentes menores de 20 años que fueron víctimas de homicidio llegó a 95.000, casi 1 de cada 5 víctimas de homicidio al año.

Alrededor de 6 de cada 10 niños del mundo (unos mil millones) de 2 a 14 años de edad, sufrieron de manera periódica castigos corporales a manos de sus cuidadores”.

Después de una paliza a un niño, sus padres le dicen: ”lo hago por tu propio bien… para que aprendas a ser bueno”, ¿de verdad aún podemos creernos esto?, entendemos realmente: ¿Por qué se golpea a los niños?

Llevamos arrastrando de una generación a otra ésta equivocada asociación entre el amor y la violencia que se basa en la negación del propio maltrato sufrido durante la infancia, de aquel que hoy es adulto y tiene en sus manos la responsabilidad de “educar” a sus hijos. (“te pego, porque conmigo lo hicieron”).

El mensaje que llega a un niño o niña cuando es educado desde cualquier forma de violencia es: “No me importas… no sé qué hacer contigo… te odio… me complicas mi vida… eres malo… no te puedes equivocar… no puedes pensar por ti mismo… no vales”.

Así, ese niño crece con su auto imagen dislocada, se forja una personalidad débil, se siente inseguro y reproduce en sus vínculos esta forma de relación basada en la fuerza, la imposición, la descalificación y el sometimiento del otro.

Cuando llegue al colegio o establezca sus relaciones de pareja, probablemente sea víctima o agresor creando unos vínculos en los que nunca existirá la igualdad, sino la necesidad de dominar, o se dejará victimizar.

He dedicado la mayor parte de mi vida profesional como psicóloga a trabajar con niños y adultos que han sufrido diversas formas de violencia de manos de sus padres o familiares más queridos. Aunque escucho de ellos testimonios desgarradores, sigo sin perder mi capacidad de asombro, sigo sin creer que la violencia en la educación sirva

para algo; solo recojo el DAÑO, el gravísimo y en muchos casos irreparable dolor de quien ha sufrido violencia.

Incluso en los adultos que acuden a recibir tratamiento, sigo recogiendo la queja del niño herido por la violencia, el desamparo y la indefensión. A partir de entonces, el camino a la recuperación es difícil, porque hay que abrir las heridas mal cicatrizadas y curar lentamente las huellas del sufrimiento.

¿Cómo hacerlo bien?

La seguridad, equilibrio y madurez, se construyen a partir de las experiencias tempranas. Que nuestros padres nos hayan podido hacer sentir que somos valiosos, que nos podemos equivocar y que nos ayudarán a aprender del error y a reparar nuestros fallos sin violencia.

Unos padres unidos, coherentes en sus pautas educativas, haciendo un equipo en el día a día, y sobretodo, dando ejemplo de buen trato y firmeza, crean y crían hijos sanos, fuertes emocional y psíquicamente, empáticos, responsables, conocedores de las consecuencias de sus actos, creativos, con ganas de crecer y aprender, capaces de separarse sanamente para conocer y conquistar el mundo.

Documentos de consulta:

www.unicef.es/sites/www.unicef.es/files/informeocultosbajolaluz_0.pdf
http://lfyaguez.wix.com/psicologa
Alice Miller: “El cuerpo nunca miente” ISBN 9788483104392
Pepa Horno: “Amor y violencia”. La dimensión afectiva del maltrato ISBN: 9788433023001

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here