Muchas personas quizá hayan escuchado el nombre de esta leyenda de la aviación. La norteamericana es célebre por sus marcas de vuelo y por intentar el primer viaje aéreo alrededor del mundo sobre la línea  ecuatorial. Sin embargo, también tuvo dos míticas historias de amor.

Por. Cristy Jiménez

Mientras el mundo entero se enamoraba de Amelia, ella encontraba su gran amor, George Palmer Putnam, un exitoso publicista, hijo del fundador de la editorial G.P Putnam’s Sons.

Un amor publicitario
En 1928, mientras Putnam buscaba una mujer piloto que se convirtiera en la primera en cruzar el Atlántico, se encontró por primera vez con la (entonces) desconocida, Amelia Earhart. Cuentan que fue amor a primera vista, curiosamente quienes lo conocieron decían que él tenía la particularidad ser un hombre desagradable, sin embargo en este caso no fue así. De inmediato los dos se gustaron y la relación poco tiempo después se formalizó.

De la mano de su pareja, la piloto se convirtió en la estrella de campañas publicitarias y en un personaje reconocido y querido por los norteamericanos.

Amelia era de carácter libre y en la mañana del 7 de febrero de 1931, unas horas antes de contraer matrimonio, escribió una carta dirigida a su futuro esposo:

“Querido George, creo que debería dejar escritas algunas cosas antes de que nos casemos, aunque ya hayamos hablado muchas veces sobre ellas”.

“Tengo que reiterarte mis dudas con respecto al matrimonio, mi sensación de renunciar a oportunidades en un trabajo que tanto significa para mí. Tengo la sensación de que casarme es una de las decisiones más estúpidas que jamás he tomado. Para nuestra vida en común, quiero que comprendas que no estarás sometido a ningún código de fidelidad y que yo tampoco me considero atada a ti. Si somos honestos, podremos evitar las dificultades que surgirán si tú o yo nos enamoramos de otra persona”.

“Por favor, no interfiramos en el trabajo del otro, ni permitamos que el resto del mundo contemple nuestras alegrías o desacuerdos. En este sentido, voy a tener que mantener algún lugar donde pueda ser profundamente yo misma. No puedo soportar los confinamientos, por muy atractiva que sea la jaula”.

Debo exigirte una promesa cruel: que me dejarás marchar dentro de un año si no hemos encontrado la felicidad juntos. Voy a tratar de hacerlo lo mejor posible y ofrecerte esa parte de mí que conoces y que
tanto quieres”.

A pesar de esta filosofía de “amor libre”, su relación superó ese primer año de matrimonio, e incluso duró seis años más. En 1937, cuando la piloto abordó su aeronave para darle la vuelta al mundo, aún seguían casados, esa fue la última vez que se vieron. Finalmente, nunca se supo qué pasó con Amelia, su cuerpo no fue hallado en el Pacífico. Se dice que el avión perdió el rumbo cuando estaba finalizando la travesía.

Durante los seis años de matrimonio, fueron constantes las especulaciones acerca de una relación de Amelia con el también piloto Eugene Vidal, con el que llegó a fundar Northeastern Airlines. Si existió o no, es un misterio, pues nunca se obtuvieron detalles. La historia de este amor fue llevada al cine en 2009 y protagonizada por Hilary Swank y Richard Gere.

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